La ineficacia demostrada de la LIVG


El sistema legal creado alrededor de las políticas de género está concebido para potenciar la denuncia indiscriminada y para juzgar al hombre por el mero hecho de serlo. No se trata de un sistema que pretenda dar verdadera protección a la mujer maltratada, el fracaso en el cumplimiento de los objetivos declarados de esta ley es más que evidente después de 12 años en vigor: No se ha reducido de manera significada el número de mujeres muertas, cuyo promedio anual está en torno a 62 feminicidios al año, este año 2017. En la gráfica inferior es preciso tener en cuenta que los datos de 2017 se refieren los siete primeros meses del año en curso, y aun así ya alcanzan las 30 mujeres asesinadas. La eficacia de la ley para combatir el problema es manifiestamente nula y su efecto social es completamente destructivo, ya han sido denunciados 2.000.000 de hombres desde 2004. Hombres que -cuando no han sido condenados y encerrados- han tenido que pasar por un largo calvario judicial de cerca de dos años en los cuales han perdido todas sus pertenencias, sus medios de vida y la relación con sus hijos.


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Otro de los indicadores del fracaso de la actual ley es el escaso grado de protección solicitado por las mujeres que fallecieron (éstas sí, verdaderamente maltratadas). En el gráfico histórico de denuncias y feminicidios, vemos como el promedio de fallecidas que habían denunciado apenas alcanza el 24%. La conclusión es que la maltratada no denuncia ¿Es efectiva una ley basada en la represión sistemática del hombre sólo por el hecho de serlo? ¿Una ley que se basa en el fomento y la incentivación de la denuncia indiscriminada cuando sólo alcanza al 24% de las mujeres en peligro? ¿No habrá otros métodos más efectivos de abordar el problema? ¿Métodos que se ajusten a la legalidad de un estado de derecho? . Tenemos un ejemplo en el Reino Unido, que acaba de cambiar su legislación de violencia de género por una de violencia intrafamiliar, que estudia y protege a todo el núcleo familiar sin distinción de género.
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Si atendemos los propios informes elaborados por el Centro de Estudios Reina Sofía, dependiente del Observatorio para la Violencia de Género, podemos encontrar las claves del comportamiento de las mujeres maltratadas, que no denuncian debido a su estado psicológico. En el IV informe del Centro de Estudios Reina Sofía, dependiente del Observatorio para la Violencia de Género, encontramos la siguiente descripción:

"1.4.1. Trastorno de la personalidad por dependencia
El agresor de pareja, sea del tipo que sea, mina la autoimagen y la autoestima de la víctima, quien acaba sintiéndose responsable (al menos, en parte) del maltrato que sufre, librando de responsabilidades en la misma medida al agresor.

Uno de los métodos que emplea el agresor para lograr este resultado es aislar a la víctima cortando todas las conexiones con sus fuentes de apoyo informal (amistades, padres, etc.), de modo que la mujer termina interiorizando la idea de que no cuenta con nadie más que su pareja (maltratador).

En el caso del agresor cíclico, la combinación del maltrato con posteriores peticiones reiteradas de perdón, ruegos de reconciliación, promesas de cambio de comportamiento, etc. puede acabar induciendo en la víctima un Trastorno de la Personalidad por Dependencia. Se trata del desarrollo de una dependencia emocional muy similar al síndrome de Estocolmo, característico de algunas personas que han sido objeto de secuestro (durante el cual creen haber contado con la comprensión, el apoyo y la ayuda de alguno de los secuestradores).
La mujer víctima siente un deseo excesivo de lograr protección y apoyo de los demás, hasta el punto de presentarse voluntaria para realizar tareas desagradables. Experimenta sentimientos de desamparo cuando está sola debido a sus temores exagerados de ser incapaz de cuidar de sí misma. Está preocupada de forma no realista por el miedo a que la abandonen y a que tenga que cuidar de sí misma.

Obviamente “los demás” en este caso (dado el aislamiento de la víctima a que antes nos hemos referido) se reduce a la figura del agresor. Sea como fuere, lo bien cierto es que, a través de este mecanismo perverso, las mujeres dependientes emocionalmente de sus agresores pueden llegar incluso a solidarizarse con ellos frente a quienes tratan de asesorarlas, o ayudarlas policial o jurídicamente. "

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                                                                 Maltratadas que no denunciaron.
   
Este vídeo es un fragmento de un informativo referente a la violencia de género, a pesar de la dureza de las imágenes, son maltratadas que no denunciaron. Esto debería ser suficiente para llevarnos a la reflexión sobre la utilidad de un sistema basado exclusivamente en el fomento de la denuncia. ¿Es realmente efectivo para proteger a la maltratada?



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